Trabajadores y empresarios de Mogán denuncian una escalada de vandalismo, robos y agresiones que está arruinando a los comercios, provocando la fuga de empleados y poniendo en riesgo a los clientes.
PUERTO RICO (MOGÁN) – La situación en el Centro Comercial Europa, ubicado en la zona turística de Puerto Rico (Mogán), ha alcanzado un punto crítico de extrema gravedad. Comerciantes, hosteleros y empleados del recinto han alzado la voz de forma conjunta para denunciar una insostenible ola de inseguridad, venta de estupefacientes, extorsiones, vandalismo y agresiones reiteradas que convierte cada jornada laboral en una pesadilla.
Lo que durante años fue un punto de encuentro familiar y turístico se ha transformado, según los testimonios recopilados, en un escenario diario de delitos impunes cometidos por más de una decena de individuos habituales.
Menudeo a plena luz del día y peligro en las zonas infantiles
La presencia de los presuntos delincuentes comienza a hacerse notoria hacia el mediodía, intensificándose de forma drástica a partir de las 20:00 horas y alcanzando sus picos de mayor tensión durante los fines de semana, coincidiendo con la máxima afluencia a los locales de ocio nocturno y restauración.
Los trabajadores denuncian la actitud agresiva e invasiva con la que operan estos grupos. No solo abordan a los transeúntes de manera intimidatoria para ofrecerles droga, sino que incurren en acoso directo a las mujeres —llegando a tocarlas sin su consentimiento— y ofrecen sustancias a familias con menores.
Uno de los aspectos más preocupantes es el hallazgo de restos de estupefacientes, colillas y bolsas con residuos de cocaína en las inmediaciones del parque infantil del centro comercial, con el consiguiente riesgo de ingesta accidental por parte de los niños. Como consecuencia directa, las familias han dejado de acudir al recinto.
Escondites meticulosos para eludir la acción policial
Para evitar ser interceptados con las sustancias encima durante los registros de la Guardia Civil o la Policía Local, los camellos emplean métodos meticulosos de ocultación. Esconden las dosis de droga y los utensilios en:
Las grietas de los muros de piedra que decoran las instalaciones.
Las alcantarillas de los pasillos comisionados.
Los huecos de las luminarias exteriores de los propios establecimientos comerciales.
El interior de locales privados en los que irrumpen ilegalmente, a pesar de tener la entrada prohibida.
Cuando las patrullas policiales hacen acto de presencia, los sospechosos se dispersan momentáneamente, pero regresan de inmediato en cuanto los agentes abandonan el lugar, encarando e insultando a los trabajadores por haber alertado a las fuerzas de seguridad.
Pérdidas del 40%, huida de empleados y sabotajes a la seguridad
La inseguridad constante está haciendo mella en la viabilidad económica de los negocios. Nauzet Blanco, propietario de varios locales emblemáticos del centro (como Barbacoa Cocktail Bar, Barbacoa Restaurant y The Temple Bar), señala que sus beneficios se han reducido un 40% en el último año debido al temor de la clientela y a los altercados continuos.
Blanco, que da empleo a unas 50 personas, manifiesta la enorme dificultad para retener a la plantilla. Solo en el último mes y medio, siete trabajadores han dimitido al no soportar el acoso diario y las constantes amenazas de muerte.
Ni siquiera el personal de seguridad privada contratado por los locales se libra de las represalias. En un incidente reciente, rajaron las ruedas del vehículo particular de un vigilante de seguridad tras una intervención. Aunque la empresa asumió la reparación de los daños, el trabajador optó por renunciar a su puesto de trabajo de forma inmediata ante el temor por su integridad física.
Denuncias judiciales, robos a la fuerza y destrozos materiales
Las intervenciones policiales y las denuncias incoadas ante la Guardia Civil dejan constancia del nivel de violencia registrado en los últimos meses:
18 de abril: Un individuo irrumpió en un establecimiento para robar botellas de alcohol. Tras enfrentarse a los camareros y amenazar de muerte a uno de ellos, provocó un altercado que hizo que unos 20 clientes huyeran del local sin pagar sus consumiciones por puro pánico.
20 de abril: Se denunció a otro delincuente habitual por romper una botella de licor contra el suelo y rociar con el líquido a los clientes presentes en la terraza.
Mayo: Se formalizó otra denuncia tras el lanzamiento de piedras contra la fachada de un restaurante, provocando la fractura de grandes cristales y alterando gravemente el servicio.
A estas situaciones se suman la irrupción de grupos de hasta diez personas exigiendo consumiciones gratuitas bajo coacción, el sustraimiento impune de hielo y vasos en las barras, y el destrozo sistemático del mobiliario urbano: cristales rotos, carteles publicitarios arrancados y la estructura de mangueras contra incendios abollada a puñetazos.
Amenazas de muerte e impacto psicológico fuera del horario laboral
El clima de terror trasciende las paredes del centro comercial. David Pérez, uno de los encargados de restauración del recinto, reside en las inmediaciones y convive en el mismo barrio con varios de los supuestos infractores.
Pérez asegura haber recibido explícitas amenazas de muerte —incluyendo gestos inequívocos de degollamiento en plena calle— e intimidaciones dirigidas a su familia. La gravedad de las coacciones obliga a que, al término de los turnos de madrugada, muchos empleados tengan que ser acompañados hasta sus viviendas o vehículos por personal de seguridad o compañeros.
"No me lo puedo quitar de la cabeza, estoy todo el día pensando en ello; he perdido mucho peso por el estrés", relata Pérez, reflejando el severo impacto en la salud mental que sufren los trabajadores de la zona.
Sin constancia oficial por parte de la administración del recinto
A pesar de la profusión de denuncias formales ante la Guardia Civil, la existencia de atestados policiales y el evidente deterioro de la convivencia, al ser consultado al respecto, el administrador del Centro Comercial Europa ha manifestado no tener constancia de los hechos que denuncian públicamente los trabajadores y empresarios.
Mientras tanto, los afectados exigen un despliegue policial permanente y medidas cautelares contundentes antes de que el centro comercial se vea abocado al cierre definitivo de sus negocios.
