UNA LADERA SE TRAGA UNA VIVIENDA EN CERCADOS DE ESPINO Y LA ISLA TIEMBLA: GRAN CANARIA SIGUE AL LÍMITE TRAS EL PASO DE LA BORRASCA THERESE


 UNA LADERA SE TRAGA UNA VIVIENDA EN CERCADOS DE ESPINO Y LA ISLA TIEMBLA: GRAN CANARIA SIGUE AL LÍMITE TRAS EL PASO DE LA BORRASCA THERESE

Los bomberos peinaron los escombros toda la noche sin encontrar víctimas. La carretera hacia Arguineguín, cortada varias veces. Los barrancos, desbordados. La isla, en alerta.

Por nuestra redacción de emergencias · 2 de marzo de 2026, madrugada

Pasaban las nueve de la noche del domingo cuando la ladera decidió que ya no aguantaba más. Una vivienda en Cercados de Espino quedó sepultada bajo toneladas de tierra y escombros en cuestión de segundos, desencadenando una carrera contra el reloj que mantuvo en vilo a toda la zona durante horas. Los Bomberos del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria, del parque de Puerto Rico, se lanzaron de inmediato a las tareas de búsqueda de personas atrapadas entre los restos. El resultado, afortunadamente, fue el mejor posible: nadie en el interior. La vivienda estaba vacía.

Pero que no hubiera víctimas esta noche no significa que la amenaza haya pasado. Todo lo contrario.

Gran Canaria lleva una semana viviendo con el suelo bajo los pies convertido en una trampa. La borrasca Therese azotó la isla hace siete días con una violencia que empapó hasta el último rincón del terreno, y las consecuencias se siguen pagando en forma de desprendimientos que no dan tregua. El municipio de San Mateo ya ha registrado sus propios episodios. El subsuelo está saturado, las laderas inestables y los expertos llevan días advirtiendo de lo mismo: el peligro no ha terminado.

En Cercados de Espino la situación es especialmente crítica. La carretera que une la zona con Arguineguín ha sido cortada en varias ocasiones por la crecida descontrolada del barranco, que baja cargado de agua y arrastra consigo todo lo que encuentra a su paso. Una vía de comunicación esencial para los vecinos del sur interior de la isla que se convierte, cada vez que llueve con fuerza, en una ruleta rusa de barro y piedras.

Esta noche los bomberos del parque de Puerto Rico evitaron el peor desenlace posible. Pero mientras la tierra siga sin secarse, mientras los barrancos sigan rugiendo y mientras las laderas acumulen el peso de semanas de lluvia, Gran Canaria seguirá mirando al cielo con los dientes apretados.

La isla no ha terminado de respirar.

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