LA SARDINA MÁS VALIENTE DEL ATLÁNTICO MUERE EN LA ORILLA Y RESUCITA EN BACHATA: ASÍ FUE EL FIN DEL CIRCO MÁS LARGO DE LA HISTORIA DE MASPALOMAS


 LA SARDINA MÁS VALIENTE DEL ATLÁNTICO MUERE EN LA ORILLA Y RESUCITA EN BACHATA: ASÍ FUE EL FIN DEL CIRCO MÁS LARGO DE LA HISTORIA DE MASPALOMAS

Un obispo con 15 años de carrera, viudas inconsolables, una sardina que no pudo morir el viernes y Juan Luis Guerra como única medicina posible para sobrevivir al duelo.

Por nuestra corresponsal en el último acto · 29 de marzo de 2026

Todo gran circo necesita una última función. Y la de Maspalomas 2026 no defraudó: el Carnaval Internacional bajó hoy el telón con el Entierro de la Sardina, el ritual más surrealista, más catártico y más canario que existe sobre la faz de la Tierra. La comitiva fúnebre partió desde el Centro Comercial Yumbo con destino al Anexo de Playa del Inglés, y lo que vino después solo puede describirse como el entierro más alegre que jamás haya presenciado el Atlántico.

El protagonista indiscutible de la noche fue el Obispo del Carnaval, que este año celebró nada menos que su 15º aniversario presidiendo el cortejo sin faltar ni una sola edición. Quince años de sotana, mitra y sermones de dudosa ortodoxia que le convierten en una institución de la isla tan inamovible como el Roque Nublo. A su lado, el cura, las monjas y una legión de viudas desconsoladas protagonizaron los lamentos y llantos de rigor que, lejos de entristecer a nadie, arrancaron carcajadas continuas a los turistas que no entendían muy bien qué estaba pasando, pero que lo disfrutaron igualmente.

La difunta, la sardina, fue una obra de arte efímero diseñada por Masbe Creaciones con la colaboración de la Asociación "Los ángeles de echar una mano" de El Tablero. Una creación que duró lo que tenía que durar y de la que ya solo quedan fotografías. Y es que este año la sardina tuvo un obituario con asterisco: no pudo ser rescatada del mar el viernes, como marca la tradición, porque los fenómenos meteorológicos adversos de días anteriores obligaron a cancelar el acto. La sardina sobrevivió al temporal solo para arder con más gloria en la orilla. Dramático. Épico. Inevitable.

La corporación municipal no quiso perderse el sepelio. El alcalde Marco Aurelio Pérez, el primer teniente de alcalde Alejandro Marichal y la concejala de Turismo, Festejos y Eventos, Yilenia Vega, acompañaron a la finada en su último trayecto hacia la costa. Porque en Maspalomas hasta los políticos saben llorar con estilo.

El cortejo fue escoltado por la Banda de Agaete, la Banda Isleña, las comparsas Yoruba y Chiramay y las batucadas Piratas del Caribe y Paixao, que convirtieron el camino hacia la pira en una procesión que más parecía una celebración que un entierro. Como debe ser.

Y cuando la sardina ardió en la orilla de Playa del Inglés, la fiesta no terminó. Se transformó. Porque en Maspalomas el duelo no se lleva en silencio: se baila. El concierto tributo a Juan Luis Guerra bajo el título "Bachata Rosa" congregó a una multitud que necesitaba, urgentemente, superar las penas de una edición que llegaba a su fin. El artista dominicano, representado en toda su gloria, se encargó de que nadie se fuera a casa triste.

Y así, con bachata y cenizas de sardina, cerró una de las ediciones más largas que se recuerdan en el carnaval sureño. Una edición que se extendió hasta Semana Santa, que sobrevivió a las tormentas y que demostró que Don Carnal y Doña Cuaresma pueden convivir si hay suficiente purpurina de por medio. Llovió café en el campo, sí. Y en Maspalomas hubo un circo que alegró siempre el corazón.

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