Josefa Saavedra cumple 100 años casi sin arrugas: “Nunca usé cremas, siempre me lavaba con jabón Lagarto”

 

Josefa Saavedra cumple 100 años casi sin arrugas: “Nunca usé cremas, siempre me lavaba con jabón Lagarto”

El alcalde de Santa Lucía de Tirajana visita en Vecindario a la vecina centenaria, que llegó desde Tejeda hace más de medio siglo para trabajar en los tomateros

Santa Lucía de Tirajana, martes 24 de febrero de 2026.– Josefa Saavedra García cumple cien años y lo hace con una vitalidad que sorprende a quienes la conocen. Sale de su habitación apoyada en un andador, vestida con un traje azul marino, y recibe al alcalde de Santa Lucía de Tirajana, Francisco García, que acude a su casa en Vecindario para felicitarla. Le entrega un ramo de flores y dos besos, acompañado por la concejala de Promoción de Autonomía Personal, Minerva Pérez. Josefa se sienta y apoya las piernas sobre el andador, sonriente y tranquila.

Nacida en Tejeda, recuerda con claridad su infancia y su bautizo “bajo el manto de la Virgen del Socorro”, con don Toribio Quintana como padrino. Llegó a Vecindario hace más de medio siglo para trabajar en la zafra del tomate, como tantas familias que emigraron desde las cumbres hacia las zonas agrícolas del sur.

Su historia de amor también nació entre cultivos. Conoció a su marido, Miguel, en la finca de naranjas de sus padres. “Él vino una vez a comprarnos naranjas, luego volvió otro día y ya las siguientes veces empezamos a hablar”, cuenta. De aquel romance surgieron cinco hijos —Juan, Esteban, Lucas, María y Fela—, 26 nietos, dos biznietos y un tataranieto en camino.

Una vida de trabajo y carácter

Josefa es el retrato de la mujer canaria trabajadora. Ayudaba en la finca familiar, cuidaba animales y elaboraba “cinco o seis quesos al día”. Más tarde, ya en Vecindario, continuó trabajando en los tomateros mientras sacaba adelante su hogar. “A mi marido no le gustaba la agricultura, él trabajaba en la construcción. A veces en Las Palmas hacíamos asaderos en la obra”, recuerda entre risas.

Su hija Fela ha preparado un queque para la celebración. El alcalde le pregunta cómo se encuentra y Josefa responde con humor: “Bueno, tengo algunas torturas, pero aquí estamos”. Fela interviene: “Ella está mejor que yo, fíjense en su piel, yo tengo más arrugas”.

El secreto de Josefa sorprende por su sencillez: “Nunca he usado cremas. Siempre me lavé con jabón Lagarto”. Una anécdota reciente lo confirma: en una visita al hospital, una enfermera no podía creer que aquella mujer, de piel tersa y paso firme, tuviera 99 años.

Cien años rodeada de cariño

La concejala Minerva Pérez le pregunta por la atención que recibe de las auxiliares municipales. “Me atienden muy bien, todo el mundo es bueno conmigo, sobre todo mi yerno Manolito, que me puso esta casa”, responde. También está presente Marisa, su cuidadora desde hace siete años. “Marisa es muy buena”, dice Josefa, mientras Fela asiente orgullosa.

En la entrada de la vivienda, una fotografía en blanco y negro de Miguel —traje, corbata, bigote y mirada seria— preside la estancia. “Me casé con 20 años”, recuerda Josefa, señalando el retrato.

Llega el momento de encender las velas. Familia y autoridades cantan “Cumpleaños feliz”. Josefa sopla y apaga las tres velas que forman el número 100. Un siglo de vida, de trabajo, de familia, de potajes de berros compartidos con la vecina Margarita… y de mucho jabón Lagarto.