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"Retos ilusionantes de un municipio" Marco Aurelio Pérez.

Opinión//Desde SBT
Por Marco Aurelio Pérez Sánchez

Retos ilusionantes de un municipio

Su consecución dependerá de la meditada y certera búsqueda del bien común que realicen las personas de buena voluntad a título privado y colegiado en centros decisorios como el Cabildo y el Gobierno de Canarias

San Bartolomé de Tirajana inicia el nuevo año con retos que no son nuevos, pero tampoco viejos. Podría decirse que son retos de siempre, al menos desde que la historia moderna quiso detallar un crecimiento de su población al amparo de las luces y las sombras del turismo que nos alimenta.

El apoyo a las propuestas plausibles de renovación, mejora y modernización turística que formulen los empresarios para incentivar sus negocios y la empleabilidad; la atención a las familias desamparadas y sin paraguas para protegerse de la lluvia de la necesidad; el mantenimiento de las infraestructuras públicas, que son muchas; la prestación correcta de los servicios públicos, que son básicos; la armonización de las distintas comunidades, culturas y credos que nos pueblan; la dinamización formativo-cultural y deportiva del conjunto social; la accesibilidad y modernización de la administración; el avance general del convencimiento medioambientalista e, incluso, el uso respetuoso y no vandálico de los espacios naturales y elementos de ocio públicos, … son retos de siempre a los que siempre habrá que prestar oído y dar una respuesta por su carácter estructurante para nuestra sociedad y para la convivencia normalizada de nuestros vecinos. Esos son los retos verdaderos para este 2016, retos posibles, en su mayoría de largo recorrido y ya encaminados. Los demás, cualquiera de los otros retos identificables e ilusionantes a corto o medio plazo también tienen su enjundia. Ahí están por ejemplo la aprobación del Plan General para dar visibilidad a las vecindades de Montaña La Data y El Salobre entre otros enclaves que se resisten en su ordenación; la ejecución de proyectos de envergadura tanto desde el punto de vista hotelero, como del uso complementario tan traídos y llevados en los últimos años, o el logro de una carretera más directa y menos peligrosa para el acceso a las medianías. Son proyectos posibles y realizables sólo si sus actores protagonistas en cualquiera de sus estamentos deciden converger y apostar por ellos para que fluyan como una corriente necesaria y unívoca para el espectro global de la civilización insular.

Su logro, aprobación y sustanciación material no depende sólo de una gestión creíble de buen gobierno y respeto institucional por parte del Ayuntamiento. Su consecución dependerá también de la meditada y certera búsqueda del bien común que realicen las personas de buena voluntad a título privado y colegiado en centros decisorios como el Cabildo, el Gobierno de Canarias e, incluso, el Estado.

Al respecto, como un paradigma enfocado al espacio que a todos nos cubre, San Bartolomé de Tirajana ha venido planteando casi desde siempre una propuesta razonable de mayor mesura y consenso intrainsular y regional respecto a su presente y su porvenir. Tal demanda no siempre ha sido escuchada con éxito, y está contrastado que su desatención y un intencionado olvido supramunicipal han provocado en algunos ayeres graves y perniciosos costes todavía en fase de reparación.

Aunque ese objetivo es palpable desde el principio, prácticamente desde que existe la industria turística como motor económico de la Isla, en San Bartolomé de Tirajana se echa en falta un acompañamiento mayor, un sentimiento aglutinador y una defensa vitalista mayor por parte de todos.

La histórica y errática interpretación distorsionada que algunas personas ventilan y vociferan respecto de la economía y los recursos de este municipio no ayuda. Éste no es un municipio rico sino un municipio enorme y ahorrador, con una enorme y esforzada clase media trabajadora. Aquí no solamente se atiende a diario a más de 50.000 habitantes con derechos y obligaciones que habitan en poblaciones bastante distantes y dispersas. También se intenta albergar y satisfacer con la máxima exquisitez a más de tres millones de turistas anuales que en un espacio común requieren prácticamente de los mismos servicios.

En este tiempo nuestro, todavía de incertidumbres, cualquier acción o decisión estratégica que no escuche en profundidad los latidos del corazón de San Bartolomé de Tirajana, que se adopte o se omita a su margen, debilitará peligrosamente la salud y el frágil equilibrio en el que se sustenta el edificio socioeconómico insular. La proyección general de San Bartolomé y Maspalomas como espacio neurálgico de la Isla requiere de potentes miras altas y limpias, de apoyos firmes, decididos y continuados. Sus retos de ahora y los de siempre no se entenderían con otra lectura.


En San Bartolomé de Tirajana, a miércoles 6 de enero de 2016
Fdo.- Marco Aurelio Pérez Sánchez

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